Después de seleccionar el terreno, el siguiente paso es transformar las ideas iniciales en un proyecto concreto. El diseño debe combinar las necesidades de los futuros habitantes con las características de la parcela y los requisitos técnicos correspondientes.
Crear una distribución funcional
La distribución de los espacios debe responder a las actividades habituales de quienes utilizarán la vivienda. Es conveniente analizar la relación entre dormitorios, cocina, salón, baños y zonas de almacenamiento.
La orientación de las habitaciones y la entrada de luz natural también pueden formar parte del proceso de diseño. Una distribución bien estudiada puede contribuir a conseguir espacios cómodos y prácticos.
Seleccionar materiales
Los materiales deben elegirse teniendo en cuenta sus características técnicas, el clima de la zona, el mantenimiento previsto y el presupuesto disponible.
No siempre es necesario utilizar los materiales más costosos. Lo importante es comparar diferentes alternativas y seleccionar aquellas que sean adecuadas para las necesidades del proyecto.
Preparar la documentación
El proyecto de una vivienda puede requerir planos, especificaciones técnicas y otra documentación según la normativa local.
Contar con profesionales cualificados permite desarrollar esta documentación de manera ordenada y comprobar que las diferentes partes del proyecto sean compatibles entre sí.
Una preparación detallada facilita posteriormente la organización de las obras y ayuda a que las distintas etapas sigan una secuencia lógica.
